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	<title>The South Face</title>
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		<title>Nadie ha conseguido parar a la ugandesa Stella Nyanzi</title>
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		<pubDate>Thu, 27 Feb 2020 08:58:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Xavi</dc:creator>
				<category><![CDATA[Artículos]]></category>

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		<description><![CDATA[Esa carta tenía un aspecto inocente, pero según su autora era un arma tan poderosa que podía destruir al gobierno de Uganda. Se trataba de una página arrugada como si hubiese estado en el bolsillo de un pantalón, arrancada de un cuaderno, manuscrita con caligrafía infantil. “Este es el cuarto día que duermo detenida en la estación de policía de Kira —decía —. Los policías son buena gente. No solamente me están protegiendo, también se preocupan por mis medicinas. Soy fuerte. Estoy preparada para ir al juzgado y enfrentarme  a  mi  acusador, el dictador Yoweri Museveni. No me avergüenzo de escribir sobre cómo está oprimiendo a los ugandeses. No me avergüenzo de criticar su dictadura. ¡No me avergüenzo   de empujar los límites de la poesía política para hacerle saber el dolor y el sufrimiento que muchos ugandeses soportan por culpa de sus diabólicas órdenes! Escribir es un arma.  Vamos   a luchar contra sus balas y sus sobornos con nuestros textos. Nos defenderemos con nuestros bolígrafos y nuestros teclados. Estoy orgullosa de ser ugandesa. Firmado: Stella Nyanzi”. La doctora Stella Nyanzi estuvo encerrada en una prisión de máxima seguridad desde el 2 de noviembre del 2018  hasta el 20 de febrero de este año. Fue acusada de “acosar virtualmente”  al presidente de Uganda, Yoweri Kaguta Museveni, y de “comunicación ofensiva”, después de publicar sátiras sobre el régimen en las redes sociales durante meses. El presidente Museveni, que llegó al poder en 1986 tras liderar una guerrilla que derrocó al gobierno anterior, combate tanto a sus opositores políticos como a las protestas callejeras con un aparato militar poderoso o leyes para reducir la libertad de expresión del pueblo. Ni las celdas ni el miedo pararon a la académica. Sus amigos más cercanos, aquellos que la visitaron en la cárcel, contaban sorprendidos cómo el ánimo de la reclusa permanecía intacto. Sonreía a menudo. Enseñó a escribir a otras presas. Mandaba cartas a sus conocidos para convencerles de que estaba bien. El 2 de agosto, mientras los jueces la condenaban a 18 meses de cárcel, protestó arrancándose su camisaen los tribunales. En la víspera de su libertad, un grupo de ugandeses publicóuna recopilación de sus poemas. Textos que denunciaban los abusos del régimen de Uganda, manifieestos feministas o por los derechos de la comunidad LGTB, elogios para los compañeros que luchaban a su lado. Casi todos eran inéditos: se escribieron desde la cárcel. Las autoridades penitenciarias confiescaron algunos de esos poemas; los editores los reescribieron basándose en sus borradores. El resultado es un libro de 190 páginas que no se distribuye en las liberarías. Los amigos de la doctora Nyanzi se ponen en contacto con los compradores en las redes sociales. Las personas a las que no les alcanza para pagarlo —cuesta alrededor de ocho euros— pueden obtenerlo gratis. Para los editores Esther Mirembe y Bwesigye Bwa Mwesigire: “publicar literatura de prisión mientras el recluso político aún está detenido […] es levantar el dedo corazón al sistema de represión y opresión. Es declarar que nuestras mentes son libres, que nuestra imaginación está libre de los guardianes de la prisión, sus paredes, y las sentencias de los jueces”. En sus poesías, la doctora Nyanzi, una reputada antropóloga médica, usaba metáforas sexuales o un lenguaje explícito para criticar al régimen del presidente Museveni y al patriarcado. Este es el motivo de su encarcelación. La académica recuperó los métodos que utilizaron algunos activistas ugandeses que se opusieron a la invasión colonial británica a mediados del siglo pasado. Para esos ugandeses, hablar de una forma que los colonos despreciaban era una manera de demostrar que no estaban dispuestos a seguir sus normas. El 20 de febrero, cuando los tribunales pusieron en libertad a la doctora Nyanzi, sus amigos la recibieron con una fieesta que habían preparado durante días. Se mandaron centenares de mensajes de texto para organizarla. Pensaron en todos los detalles, incluidos unos pantalones cortos y una camisa con estampados de colores. Mientras cosía esos pantalones con una sonrisa, la activista Nana Mwafrika Mbarikiwa aseguraba que nada podía detener a su compañera. “Mi encarcelación en una prisión de máxima seguridad expone el miedo de este dictador y sus compinches hacia los escritores. ¿No son los bolígrafos más poderosos que las espadas?”, escribió la doctora Nyanzi desde la cárcel. Con las esposas con las que los policías limitaron sus movimientos, la académica dibujó en las paredes desu celda este mensaje: “Podéis esposar mi cuerpo pero nunca esposaréis mi espíritu”. Kabanyoro, Uganda, 20 de febrero del 2020]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><img class="aligncenter size-full wp-image-4679" alt="" src="https://www.thesouthface.org.es/wp-content/uploads/2020/02/Ugandas-Stella-Nyanzi-warns-Museveni-after-prison-release-www.africanstand-1.jpeg" width="100%" /></p>
<div>
<p style="text-align: justify;">Esa carta tenía un aspecto inocente, pero según su autora era un arma tan poderosa que podía destruir al gobierno de Uganda. Se trataba de una página arrugada como si hubiese estado en el bolsillo de un pantalón, arrancada de un cuaderno, manuscrita con caligrafía infantil. “Este es el cuarto día que duermo detenida en la estación de policía de Kira —decía —. Los policías son buena gente. No solamente me están protegiendo, también se preocupan por mis medicinas. Soy fuerte. Estoy preparada para ir al juzgado y enfrentarme  a  mi  acusador, el dictador Yoweri Museveni. No me avergüenzo de escribir sobre cómo está oprimiendo a los ugandeses. No me avergüenzo de criticar su dictadura. ¡No me avergüenzo   de empujar los límites de la poesía política para hacerle saber el dolor y el sufrimiento que muchos ugandeses soportan por culpa de sus diabólicas órdenes! Escribir es un arma.  Vamos   a luchar contra sus balas y sus sobornos con nuestros textos. Nos defenderemos con nuestros bolígrafos y nuestros teclados. Estoy orgullosa de ser ugandesa. Firmado: Stella Nyanzi”.</p>
<p style="text-align: justify;"><span id="more-4678"></span></p>
<p style="text-align: justify;">La doctora Stella Nyanzi <a href="https://mg.co.za/article/2019-08-08-00-silencing-the-rudest-woman-in-uganda/">estuvo encerrada en una prisión de máxima seguridad </a>desde el 2 de noviembre del 2018  <a href="https://www.monitor.co.ug/News/National/Excitement-court-sets-Dr-Stella-Nyanzi-free/688334-5462462-x1el3az/index.html">hasta el 20 de febrero de este año</a>. Fue acusada de “acosar virtualmente”  al presidente de Uganda, Yoweri Kaguta Museveni, y de “comunicación ofensiva”, después de publicar sátiras sobre el régimen en las redes sociales durante meses.</p>
<p style="text-align: justify;">El presidente Museveni, que llegó al poder en 1986 tras liderar una guerrilla que derrocó al gobierno anterior, combate tanto a sus opositores políticos como a las protestas callejeras <a href="https://sautiyaujamaa.wordpress.com/2018/12/04/us-imperialism-and-uganda/">con</a> <a href="https://sautiyaujamaa.wordpress.com/2018/12/04/us-imperialism-and-uganda/">un aparato militar poderoso o leyes para reducir la libertad de expresión del pueblo</a>.</p>
<p style="text-align: justify;">Ni las celdas ni el miedo pararon a la académica. Sus amigos más cercanos, aquellos que la visitaron en la cárcel, contaban sorprendidos cómo el ánimo de la reclusa permanecía intacto. Sonreía a menudo. Enseñó a escribir a otras presas. Mandaba cartas a sus conocidos para convencerles de que estaba bien. El 2 de agosto, mientras los jueces la condenaban a 18 meses de cárcel, <a href="https://www.bbc.com/news/world-africa-49210281">protestó arrancándose su camis</a><a href="https://www.bbc.com/news/world-africa-49210281">a</a><a href="https://www.bbc.com/news/world-africa-49210281">en los tribunales</a>. En la víspera de su libertad, <a href="https://twitter.com/bwesigye/status/1225210311709380608">un grupo de ugandeses publicó</a><a href="https://twitter.com/bwesigye/status/1225210311709380608">una recopilación de sus poemas</a>. Textos que denunciaban los abusos del régimen de Uganda, manifieestos feministas o por los derechos de la comunidad LGTB, elogios para los compañeros que luchaban a su lado. Casi todos eran inéditos: se escribieron desde la cárcel. Las autoridades penitenciarias confiescaron algunos de esos poemas; los editores los reescribieron basándose en sus borradores. El resultado es un libro de 190 páginas que no se distribuye en las liberarías. Los amigos de la doctora Nyanzi se ponen en contacto con los compradores en las redes sociales. Las personas a las que no les alcanza para pagarlo —cuesta alrededor de ocho euros— pueden obtenerlo gratis. Para los editores Esther Mirembe y <a href="https://twitter.com/bwesigye">Bwesigye Bwa Mwesigire</a>: “publicar literatura de prisión mientras el recluso político aún está detenido […] es levantar el dedo corazón al sistema de represión y opresión. Es declarar que nuestras mentes son libres, que nuestra imaginación está libre de los guardianes de la prisión, sus paredes, y las sentencias de los jueces”.</p>
</div>
<p style="text-align: justify;">En sus poesías, la doctora Nyanzi, una reputada antropóloga médica, <a href="https://africanarguments.org/2019/07/09/stella-nyanzi-rude-vagina-poem-writing-hero-uganda-needs/">usa</a><a href="https://africanarguments.org/2019/07/09/stella-nyanzi-rude-vagina-poem-writing-hero-uganda-needs/">b</a><span style="text-decoration: underline;">a </span><a href="https://africanarguments.org/2019/07/09/stella-nyanzi-rude-vagina-poem-writing-hero-uganda-needs/">metáforas</a> <a href="https://africanarguments.org/2019/07/09/stella-nyanzi-rude-vagina-poem-writing-hero-uganda-needs/">sexuales o un lenguaje explícito para criticar al régimen del presidente Museveni y al</a> <a href="https://africanarguments.org/2019/07/09/stella-nyanzi-rude-vagina-poem-writing-hero-uganda-needs/">patriarcado</a>. Este es el motivo de su encarcelación. La académica recuperó <span style="text-decoration: underline;">los métodos que</span> <span style="text-decoration: underline;">utilizaron algunos activistas ugandeses que se opusieron a la invasión colonial británica</span> a mediados del siglo pasado. Para esos ugandeses, hablar de una forma que los colonos despreciaban era una manera de demostrar que no estaban dispuestos a seguir sus normas.</p>
<p style="text-align: justify;">El 20 de febrero, cuando los tribunales pusieron en libertad a la doctora Nyanzi, sus amigos la recibieron con una fieesta que habían preparado durante días. Se mandaron centenares de mensajes de texto para organizarla. Pensaron en todos los detalles, incluidos unos pantalones cortos y una camisa con estampados de colores. Mientras cosía esos pantalones con una sonrisa, la activista Nana Mwafrika Mbarikiwa aseguraba que nada podía detener a su compañera.</p>
<p style="text-align: justify;">“Mi encarcelación en una prisión de máxima seguridad expone el miedo de este dictador y sus compinches hacia los escritores. ¿No son los bolígrafos más poderosos que las espadas?”, <a href="https://www.theguardian.com/global-development/2020/jan/17/jailed-ugandan-activist-stella-nyanzi-wins-freedom-of-expression-award-oxfam-pen-international">escribió la </a><a href="https://www.theguardian.com/global-development/2020/jan/17/jailed-ugandan-activist-stella-nyanzi-wins-freedom-of-expression-award-oxfam-pen-international">doctora Nyanz</a><span style="text-decoration: underline;">i </span><a href="https://www.theguardian.com/global-development/2020/jan/17/jailed-ugandan-activist-stella-nyanzi-wins-freedom-of-expression-award-oxfam-pen-international">desde la cárcel</a>.</p>
<p style="text-align: justify;">Con las esposas con las que los policías limitaron sus movimientos, <a href="https://www.theguardian.com/global-development/2020/jan/17/jailed-ugandan-activist-stella-nyanzi-wins-freedom-of-expression-award-oxfam-pen-international">la </a><a href="https://www.theguardian.com/global-development/2020/jan/17/jailed-ugandan-activist-stella-nyanzi-wins-freedom-of-expression-award-oxfam-pen-international">académic</a><span style="text-decoration: underline;">a </span><a href="https://www.theguardian.com/global-development/2020/jan/17/jailed-ugandan-activist-stella-nyanzi-wins-freedom-of-expression-award-oxfam-pen-international">dibujó en</a> <a href="https://www.theguardian.com/global-development/2020/jan/17/jailed-ugandan-activist-stella-nyanzi-wins-freedom-of-expression-award-oxfam-pen-international">las paredes de</a><a href="https://www.theguardian.com/global-development/2020/jan/17/jailed-ugandan-activist-stella-nyanzi-wins-freedom-of-expression-award-oxfam-pen-international">su celd</a><span style="text-decoration: underline;">a </span><a href="https://www.theguardian.com/global-development/2020/jan/17/jailed-ugandan-activist-stella-nyanzi-wins-freedom-of-expression-award-oxfam-pen-international">este mensaje</a>: “Podéis esposar mi cuerpo pero nunca esposaréis mi espíritu”.</p>
<p style="text-align: right;"><i>Kabanyoro, Uganda, 20 de febrero del 2020</i></p>
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		<title>Col·laboración 5W</title>
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		<pubDate>Wed, 04 Dec 2019 15:14:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Xavi</dc:creator>
				<category><![CDATA[Notícias]]></category>

		<guid isPermaLink="false">https://www.thesouthface.org.es/?p=4654</guid>
		<description><![CDATA[Jambo Sana! El próximo 10 de diciembre cumplimos 10 años y queremos aprovechar la ocasión para presentarte una nueva colaboración con los amigos de 5W. A partir de ahora, si ya formas parte de The South Face y te haces socia/o de 5W, te regalaremos el libro &#8220;África adentro&#8221; de Xavier Aldekoa y Alfonso Armada. Además, también recibirás el libro n.4 de la colección Voces 5W y el n.5 de la revista anual. Si estás interesado, puedes contactarnos a través de info@thesouthface.org.es y te enviaremos un código para realizar la inscripción]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Jambo Sana!</p>
<p style="text-align: justify;">El próximo 10 de diciembre cumplimos 10 años y queremos aprovechar la ocasión para presentarte una nueva colaboración con los amigos de 5W.</p>
<p style="text-align: justify;">A partir de ahora, si ya formas parte de The South Face y te haces socia/o de 5W, te regalaremos el libro &#8220;África adentro&#8221; de Xavier Aldekoa y Alfonso Armada. Además, también recibirás el libro n.4 de la colección Voces 5W y el n.5 de la revista anual.</p>
<p style="text-align: justify;">Si estás interesado, puedes contactarnos a través de <a href="mailto:info@thesouthface.org.es" target="_blank">info@thesouthface.org.es</a> y te enviaremos un código para realizar la <a href="https://www.revista5w.com/suscripciones-socios" target="_blank">inscripción</a></p>
<p style="text-align: justify;"><a href="https://www.thesouthface.org.es/wp-content/uploads/2013/03/SF+5W.jpeg"><img class="aligncenter size-full wp-image-4653" alt="SF+5W" src="https://www.thesouthface.org.es/wp-content/uploads/2013/03/SF+5W.jpeg" width="640" height="404" /></a></p>
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		<title>Un sueño de 65.000 kilómetros</title>
		<link>https://www.thesouthface.org.es/un-sueno-de-65-000-kilometros/</link>
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		<pubDate>Wed, 27 Sep 2017 11:27:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Xavi</dc:creator>
				<category><![CDATA[Artículos]]></category>
		<category><![CDATA[María Rodríguez]]></category>

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		<description><![CDATA[Texto: María Rodríguez Fotos cedidas por Javier Colorado   Si a Javier Colorado le hubieran ofrecido al terminar la carrera de Ingeniería Química un trabajo de lo suyo, una casa, contraer matrimonio, tener hijos y hacer una vida, llamémosle “ordenada” y “estándar”, hubiera dicho que ‘no’. Él lo tenía muy claro desde los 20 años: quería dar la vuelta al mundo en bicicleta. Unió pasión y afición y brotaron sueño y aventura, palabras que utilizamos para resumir cosas inmensas. Pero, “¿Cómo se prepara uno para dar la vuelta al mundo?”, expresa Colorado en su libro ‘La Anécdota 101’, “A pesar de los nervios, seguí adelante; era el momento de empezar a cometer errores y aprender. Creo que la mejor forma de estar preparado es asumir que nunca lo estarás hasta que des el primer paso”. 1 de octubre de 2013. Puerta del Sol. Kilómetro cero. Ese fue el inicio de un periplo que duró tres años y dos meses y que de los 55.000 kilómetros previstos se alargó a 65.298 rodados en Croacia, Grecia, Irán, Pakistán, India, Canadá, Estados Unidos, México, Colombia, Perú, Chile, Brasil, Sudáfrica, Kenya, Sudán y Egipto, entre muchos otros países del planeta. Colorado comenzó su viaje en busca de respuestas. Cuenta que “para empezar un viaje largo tienes que tener una inquietud, nadie viaja por viajar sino buscando algo, y en función de lo que se busque durará más o menos”. Su lado deportista fue el que le impulsó a realizar el viaje en bicicleta y un pensamiento pronunciado sin reflexionar junto a un colega en un bar delató parte de sus intenciones: “Es que si supiera que no va a ser duro no lo haría”, dijo. Las horas pedaleando y de soledad le ayudaron mucho a conocerse, reflexionar y valorar y, asegura, “no me arrepiento de nada, incluso habiendo tenido momentos de estar empantanado hasta el cuello”. El acercamiento a otros lugares y culturas siempre producen un cambio en los viajeros y con Colorado no podía ser distinto. Él explica que una experiencia que le cambió la perspectiva radicalmente fue ser voluntario en la Casa Madre Teresa de Calcuta, “un clásico en los viajeros que pasan por la India”, dice. Estuvo allí una semana, un tiempo que, asegura, no es suficiente para producir cambios, pero que sí le cambió a él. Esa experiencia le removió las tripas y le creó la inquietud de colaborar con una ONG. Entonces, contándoselo a un familiar, este le habló de The South Face y fue a través de un primer contacto vía Skype que los caminos de la organización y este viajero se unieron. “A riesgo de parecer desagradecido, me gustaría desvelar que la hospitalidad de los que menos tienen siempre ha sido la que más he valorado”, admite Javier Colorado en su libro. Está convencido de que sin la ayuda de las personas que se cruzó en el camino su viaje no habría sido posible. Durante la entrevista, Colorado admite que decir esto “suena clásico,” y añade: “Hasta que lo vives”. “¿Cómo no voy a valorar esa calidez que es en la que están basadas las relaciones humanas? Y más aún cuando se están privando ellos por ofrecértelo, es un acto muy noble. Estoy más agradecido por vivir esa experiencia que por el plato de comida, y mira que el plato de comida lo necesitaba y sabía a gloria”, rememora.   La hospitalidad ha marcado el viaje de Colorado del derecho y del revés. Ha sido acogido en las casas de desconocidos cuando había tormenta y cuando no, o le han dejado acampar en su jardín o en los porches de las comisarías. Le han dado un plato de comida sin hablar el mismo idioma o teniendo poquísimo que ofrecer. Además, Colorado ha recibido donaciones de personas que le seguían desde España. Cuenta que todas estas personas tenían algo en común: “se lo estaban pasando en grande con mi viaje, leyendo el blog, viendo los vídeos…” y en el momento en que se quedaba sin dinero, comenzaba a flaquear y veían que la aventura podía terminarse, tenía su apoyo. Así, cuando Colorado recibía dinero de alguien siempre ponía su nombre en las ruedas de la bicicleta como modo de agradecerlo o se hacía una foto personalizada para esa persona, o un rótulo para su negocio, e incluso, ya en África comenzó a enviar cartas que, para su sorpresa, llegaban (todas) a destino. “Estos modos de interactuar con la gente fue otra de las experiencias preciosas del viaje”, cuenta Colorado a quien, como expresó en un cartel que colgó de su bicicleta cuando se quedó sin fondos en Brasil, “Me falta dinheiro, me sobra vontade” (me falta dinero, me sobra voluntad). A lo largo del viaje Colorado reflexionó de qué modo podía aportar su grano de arena. El ciclista explica que “la balanza estaba descompensadísima” en relación a lo que daba y recibía, y que tenía que pensar en algo para continuar aquella “cadena de favores”. Fue estando en Chile, cuando ya había recorrido miles y miles de kilómetros, que se le ocurrió la idea de escribir un libro de anécdotas del cual el 100% de los fondos recaudados con su venta se destinara a The South Face para becar a más universitarias en Kenya y Somalia. “La gente me preguntaba por pequeñas anécdotas y sabía que cuando volviera a casa solo iban a querer conocer este tipo de historias”, explica. El libro empezó a tomar forma en su cabeza desde entonces, y comenzó a tenerla físicamente en Addis Abeba, la capital de Etiopía. “Fue una gozada escribirlo”, reconoce, “y me  permitió hacer un repaso de todo el viaje”. Así surgió ‘La Anécdota 101’, un libro electrónico donde este viajero narra sus experiencias en breves historias que finaliza siempre con lo que él llama “una moraleja emocional, constructiva o graciosa”, junto a una fotografía para ilustrar la anécdota. También admite que fueron más de 110 anécdotas las que escribió, pero que más adelante redujo para la selección final del [...]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><b>Texto: María Rodríguez</b></p>
<p style="text-align: justify;"><b>Fotos cedidas por Javier Colorado</b></p>
<p style="text-align: justify;"> <a href="http://www.thesouthface.org.es/wp-content/uploads/2017/09/IMG-20170901-WA0024.jpg"><img class="aligncenter size-large wp-image-4466" alt="IMG-20170901-WA0024" src="http://www.thesouthface.org.es/wp-content/uploads/2017/09/IMG-20170901-WA0024-1024x768.jpg" width="610" height="457" /></a></p>
<p style="text-align: justify;">Si a Javier Colorado le hubieran ofrecido al terminar la carrera de Ingeniería Química un trabajo de lo suyo, una casa, contraer matrimonio, tener hijos y hacer una vida, llamémosle “ordenada” y “estándar”, hubiera dicho que ‘no’. Él lo tenía muy claro desde los 20 años: quería dar la vuelta al mundo en bicicleta. Unió pasión y afición y brotaron sueño y aventura, palabras que utilizamos para resumir cosas inmensas. Pero, “¿Cómo se prepara uno para dar la vuelta al mundo?”, expresa Colorado en su libro ‘<a href="https://www.amazon.es/An%C3%A9cdota-Francisco-Javier-Colorado-Soriano-ebook/dp/B06XCN5PVS" target="_blank">La Anécdota 101</a>’, “A pesar de los nervios, seguí adelante; era el momento de empezar a cometer errores y aprender. Creo que la mejor forma de estar preparado es asumir que nunca lo estarás hasta que des el primer paso”.</p>
<p style="text-align: justify;"><span id="more-4464"></span></p>
<p style="text-align: justify;">1 de octubre de 2013. Puerta del Sol. Kilómetro cero. Ese fue el inicio de un periplo que duró tres años y dos meses y que de los 55.000 kilómetros previstos se alargó a 65.298 rodados en Croacia, Grecia, Irán, Pakistán, India, Canadá, Estados Unidos, México, Colombia, Perú, Chile, Brasil, Sudáfrica, Kenya, Sudán y Egipto, entre muchos otros países del planeta.</p>
<p style="text-align: justify;">Colorado comenzó su viaje en busca de respuestas. Cuenta que “para empezar un viaje largo tienes que tener una inquietud, nadie viaja por viajar sino buscando algo, y en función de lo que se busque durará más o menos”. Su lado deportista fue el que le impulsó a realizar el viaje en bicicleta y un pensamiento pronunciado sin reflexionar junto a un colega en un bar delató parte de sus intenciones: “Es que si supiera que no va a ser duro no lo haría”, dijo. Las horas pedaleando y de soledad le ayudaron mucho a conocerse, reflexionar y valorar y, asegura, “no me arrepiento de nada, incluso habiendo tenido momentos de estar empantanado hasta el cuello”.</p>
<p style="text-align: justify;">El acercamiento a otros lugares y culturas siempre producen un cambio en los viajeros y con Colorado no podía ser distinto. Él explica que una experiencia que le cambió la perspectiva radicalmente fue ser voluntario en la Casa Madre Teresa de Calcuta, “un clásico en los viajeros que pasan por la India”, dice. Estuvo allí una semana, un tiempo que, asegura, no es suficiente para producir cambios, pero que sí le cambió a él. Esa experiencia le removió las tripas y le creó la inquietud de colaborar con una ONG. Entonces, contándoselo a un familiar, este le habló de The South Face y fue a través de un primer contacto vía Skype que los caminos de la organización y este viajero se unieron.</p>
<p style="text-align: justify;">“A riesgo de parecer desagradecido, me gustaría desvelar que la hospitalidad de los que menos tienen siempre ha sido la que más he valorado”, admite Javier Colorado en su libro. Está convencido de que sin la ayuda de las personas que se cruzó en el camino su viaje no habría sido posible. Durante la entrevista, Colorado admite que decir esto “suena clásico,” y añade: “Hasta que lo vives”. “¿Cómo no voy a valorar esa calidez que es en la que están basadas las relaciones humanas? Y más aún cuando se están privando ellos por ofrecértelo, es un acto muy noble. Estoy más agradecido por vivir esa experiencia que por el plato de comida, y mira que el plato de comida lo necesitaba y sabía a gloria”, rememora.</p>
<p style="text-align: justify;"> <a href="http://www.thesouthface.org.es/wp-content/uploads/2017/09/IMG-20170901-WA0028.jpg"><img class="aligncenter size-large wp-image-4465" alt="IMG-20170901-WA0028" src="http://www.thesouthface.org.es/wp-content/uploads/2017/09/IMG-20170901-WA0028-1024x677.jpg" width="610" height="403" /></a></p>
<p style="text-align: justify;">La hospitalidad ha marcado el viaje de Colorado del derecho y del revés. Ha sido acogido en las casas de desconocidos cuando había tormenta y cuando no, o le han dejado acampar en su jardín o en los porches de las comisarías. Le han dado un plato de comida sin hablar el mismo idioma o teniendo poquísimo que ofrecer. Además, Colorado ha recibido donaciones de personas que le seguían desde España. Cuenta que todas estas personas tenían algo en común: “se lo estaban pasando en grande con mi viaje, leyendo el blog, viendo los vídeos…” y en el momento en que se quedaba sin dinero, comenzaba a flaquear y veían que la aventura podía terminarse, tenía su apoyo.</p>
<p style="text-align: justify;">Así, cuando Colorado recibía dinero de alguien siempre ponía su nombre en las ruedas de la bicicleta como modo de agradecerlo o se hacía una foto personalizada para esa persona, o un rótulo para su negocio, e incluso, ya en África comenzó a enviar cartas que, para su sorpresa, llegaban (todas) a destino. “Estos modos de interactuar con la gente fue otra de las experiencias preciosas del viaje”, cuenta Colorado a quien, como expresó en un cartel que colgó de su bicicleta cuando se quedó sin fondos en Brasil, “Me falta dinheiro, me sobra vontade” (me falta dinero, me sobra voluntad).</p>
<p style="text-align: justify;">A lo largo del viaje Colorado reflexionó de qué modo podía aportar su grano de arena. El ciclista explica que “la balanza estaba descompensadísima” en relación a lo que daba y recibía, y que tenía que pensar en algo para continuar aquella “cadena de favores”. Fue estando en Chile, cuando ya había recorrido miles y miles de kilómetros, que se le ocurrió la idea de escribir un libro de anécdotas del cual el 100% de los fondos recaudados con su venta se destinara a The South Face para becar a más universitarias en Kenya y Somalia. “La gente me preguntaba por pequeñas anécdotas y sabía que cuando volviera a casa solo<b> </b>iban a querer conocer este tipo de historias”, explica.</p>
<p style="text-align: justify;">El libro empezó a tomar forma en su cabeza desde entonces, y comenzó a tenerla físicamente en Addis Abeba, la capital de Etiopía. “Fue una gozada escribirlo”, reconoce, “y me  permitió hacer un repaso de todo el viaje”. Así surgió ‘<a href="https://www.amazon.es/An%C3%A9cdota-Francisco-Javier-Colorado-Soriano-ebook/dp/B06XCN5PVS" target="_blank">La Anécdota 101</a>’, un libro electrónico donde este viajero narra sus experiencias en breves historias que finaliza siempre con lo que él llama “una moraleja emocional, constructiva o graciosa”, junto a<b> </b>una fotografía para ilustrar la anécdota. También admite que fueron más de 110 anécdotas las que escribió, pero que más adelante redujo para la selección final del libro, aunque podría haber escrito hasta 500.</p>
<p style="text-align: justify;">Pero, ¿Por qué decidió Colorado apoyar a The South Face? Él explica que lo que le enganchó fue que la organización se basara en la educación como medio para el cambio social. “Cualquier ONG te vende que están poniendo pozos a los africanos, que envían comida, pero es que igual esas no son las mejores formas para ayudarles”, opina. Piensa además que “en África la gente sigue adelante sin nuestra ayuda, nosotros muchas veces queriendo ayudar estamos empeorando las cosas”. Así que Colorado está de acuerdo con la filosofía de The South Face por la cual la educación es la herramienta para el crecimiento de un país, apostando por la cualificación de sus ciudadanos y señala también que su frase favorita de la organización es el principio ‘África educa a África’. Además, “que a las mujeres no les dejen que vayan a la escuela crea un retraso, así que lo que hace The South Face me gusta porque lo veo necesario” y dice que tampoco se olvida de una frase que le dijo el fundador de la organización la primera vez que contactaron: “Somos una ONG muy pequeñita… pero lo que queremos hacer lo queremos hacer bien”.</p>
<p style="text-align: justify;"> <a href="http://www.thesouthface.org.es/wp-content/uploads/2017/09/IMG-20170901-WA0013.jpg"><img class="aligncenter size-large wp-image-4467" alt="IMG-20170901-WA0013" src="http://www.thesouthface.org.es/wp-content/uploads/2017/09/IMG-20170901-WA0013-1024x677.jpg" width="610" height="403" /></a></p>
<p style="text-align: justify;">El pasado mes de abril Javier Colorado volvió a lanzarse a la aventura. En aquella ocasión consistía en recorrer el río Amazonas en canoa. Durante el viaje no sólo fue acompañado de su amigo, ciclista y fotógrafo, Manu de Salvador, sino también de una barrica de whisky Glenfiddich (sus patrocinadores de este viaje) añejado en Escocia durante 15 años. Para seguir aportando algo a The South Face este otoño la subastará y la recaudación se destinará íntegramente a seguir becando a más estudiantes en Kenya y Somalia. Además, aunque se lo tiene muy callado, no es la última aventura de Colorado…</p>
<p style="text-align: justify;">Nuestro protagonista escribe en su libro: “Recuerdo todas las veces que me han preguntado el porqué del viaje, por qué lo dejé todo para seguir un sueño… Básicamente, porque es como soy, mi forma de actuar y de ser fiel a mí mismo”. Colorado dice que viajar es lo que le ha formado como ser humano y la lección más hermosa que se lleva es que “el 99,9% de las personas tienen un corazón que no les cabe en el pecho”.</p>
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		<title>&#8220;Si educas a una chica, educas a toda la comunidad&#8221;</title>
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		<pubDate>Wed, 30 Aug 2017 17:41:09 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Xavi</dc:creator>
				<category><![CDATA[TSF en los medios]]></category>

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		<description><![CDATA[Texto: María Rodríguez   Fuente: eldiario.es Lilian Naserian trabaja como profesora en la mejor escuela de secundaria de su región, dando clases de inglés y literatura africana. María Rodríguez &#8220;Si me das una vaca, trabajaré con el Gobierno, ganaré mucho dinero y podré devolverte la vaca y comprarte muchas más&#8221;. Lilian Naserian pronunció estas palabras cuando tenía 20 años. Se las dijo a su tío, un pastor masai, la etnia a la que pertenece. Su tío aceptó la proposición, sin duda era una inversión de futuro. Lilian se fue al mercado a vender la vaca para pagar el primer semestre de su primer año de carrera y poder hacer realidad su sueño: estudiar Magisterio. &#8220;En África enviar a una mujer a la universidad no es una prioridad ni para la familia ni para la comunidad&#8221;, explica la joven en una conversación con eldiario.es. Sin embargo, ella estaba convencida de la importancia de estudiar para tener un futuro mejor, poder ayudar a su familia e incluso mejorar la situación de su comunidad. &#8220;Para mi madre también era importante que yo fuera a la escuela y a la universidad, pero cuando llegó el momento no tenía para pagar los gastos&#8221;, relata. &#8221;La mayor parte de los africanos cree que la mujer debe quedarse en casa y cuidar de los niños, así que no tienen trabajo y, en consecuencia, no tienen dinero&#8221;, apunta. Sylvia Jemutai está enamorada de la naturaleza desde que era una niña. Recuerda que cuando era pequeña plantó diez árboles, aportando así su granito de arena en un entorno que sufría. &#8220;Mi pueblo está cerca del bosque&#8221;, cuenta Sylvia, &#8220;y me molesta muchísimo ver la degradación que está ocasionando el uso descontrolado que hace de él la población&#8221;. Así que, en 2011, con el objetivo de conseguir los conocimientos necesarios para ser más útil, comenzó el grado de Conservación Medioambiental en la universidad de Nairobi, la capital de Kenia, con la ayuda de su hermana mayor. Para Faith Mumbua también era muy importante poder estudiar. &#8220;Mi padre no quería que fuera al colegio, pero mi madre insistió&#8221;, dice. Más adelante, para ir a la universidad, también tuvo que insistir y finalmente logró que fuera su padre quien invirtiera una parte de sus humildes ahorros en pagarle los gastos del primer curso de Conservación Medioambiental, también en la universidad de Nairobi. Lilian, Sylvia y Faith tienen varias cosas en común. Son todas kenianas, procedentes de zonas rurales y familias empobrecidas, pero han ido a la universidad, han terminado sus estudios en los últimos dos años y ahora están trabajando. Todas creen en la educación como medio para salir de la pobreza y mejorar sus vidas, las de sus familias y las de sus comunidades. Y, finalmente, todas han sido becadas desde su segundo año de carrera por la ONG española The South Face (TSF) que trabaja en Kenia y Somalia facilitando a estudiantes con pocos recursos, pero buenas notas, el acceso y la permanencia en la universidad &#8220;para que puedan desarrollar sus capacidades y convertirse en agentes productivos para su país y su comunidad. Queremos que sean líderes del cambio social&#8221;, explica la organización en su página web. Nueve chicas becadas por TSF en la Universidad de Nairobi. The South Face &#8220;Para mí, estudiar es una oportunidad de ayudar a mi familia&#8221;, comenta Sylvia Jemutai. Pero es algo que también ha afectado a su entorno. &#8220;Muchas amigas me dicen que me admiran y envidian por mi modo de vivir y gente del pueblo me llama para decirme que les gustaría hacer lo mismo que yo&#8221;, asegura la joven. &#8220;Yo les digo que no es fácil. Ya están casadas y con hijos, pero les animo a llevar a sus niños a la escuela y quizás, en el futuro, podré ayudarlos a que vayan a la universidad&#8221;, prosigue. &#8220;También les digo que se quiten de su cabeza el &#8216;soy pobre&#8217; o el &#8216;no puedo conseguir nada&#8217;&#8221;, añade. Tras terminar sus estudios, Faith Mumbua piensa lo mismo. &#8220;Que alguien sea pobre no significa que no pueda hacer algo en la vida. Pero se necesita determinación y confianza. Yo me rijo por la creencia de que cuando realmente quieres algo lo harás, solo es cuestión de tiempo&#8221;, opina la joven. El crecimiento económico de un país depende, a juicio de The South Face, de que las generaciones que lleven a cabo esta tarea estén cualificadas. Para ello, se debe democratizar el acceso a la educación con un principio clave: que África eduque a África, es decir, que las jóvenes estudien en su país de origen para que conozcan de primera mano las problemáticas que hay que erradicar. La comunidad cree que &#8220;no es rentable&#8221; Las mujeres están en desventaja frente a los hombres, también en el acceso a la educación. Según los últimos datos recopilados por Naciones Unidas, en Kenia el 41% de los estudiantes que acceden a estudios superiores son mujeres, esto es, 70 mujeres por cada 100 hombres. Sin embargo, suelen trabajar sobre todo en el sector informal y constituyen solo el 35,7% de los trabajadores asalariados no agrícolas. Además, las mujeres apenas representan un 19,7% de los escaños en el Parlamento, en el que ocupan 69 asientos de 350. Por estos motivos, la ONG ha becado ya a una treintena de mujeres en Kenia y Somalia, uno de los países marcados en rojo en el mapa mundial de los derechos de las mujeres. Más allá del rol tradicional asignado a la mujer, por el cual debe quedarse en casa y al cuidado de los hijos, Faith explica por qué, a su juicio, hay un mayor número de mujeres analfabetas que de hombres. &#8220;La comunidad considera que invertir en la educación de una mujer no es rentable porque, por tradición, cuando se casan se van a vivir al pueblo del marido y no hay beneficios&#8221;, sostiene. Pero ella no está de acuerdo. Tampoco Sylvia y Lilian. &#8220;Si educas a una chica, educas a toda la comunidad, todo el mundo obtiene beneficio&#8221;, asegura esta ultima. &#8220;Si educas a una chica ayudas a la comunidad incluso si ella se casa, no va a olvidar a su [...]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><b>Texto: María Rodríguez   Fuente: <a href="http://www.eldiario.es/desalambre/Africa-universidad-prioridad-familia-comunidad_0_678232383.html" target="_blank">eldiario.es</a><br />
</b></p>
<p><img class="aligncenter" alt="Lilian Naserian trabaja como profesora en la mejor escuela de secundaria de su región, dando clases de inglés y literatura africana." src="https://images.eldiario.es/fotos/Lilian-Naserian-profesora-secundaria-literatura_EDIIMA20170822_0501_19.jpg" width="643" height="431" /></p>
<address style="text-align: justify;">Lilian Naserian trabaja como profesora en la mejor escuela de secundaria de su región, dando clases de inglés y literatura africana. María Rodríguez</address>
<p style="text-align: justify;">&#8220;Si me das una vaca, trabajaré con el Gobierno, ganaré mucho dinero y podré devolverte la vaca y comprarte muchas más&#8221;. Lilian Naserian pronunció estas palabras cuando tenía 20 años. Se las dijo a su tío, un pastor masai, la etnia a la que pertenece. Su tío aceptó la proposición, sin duda era una inversión de futuro. Lilian se fue al mercado a vender la vaca para pagar el primer semestre de su primer año de carrera y poder hacer realidad su sueño: estudiar Magisterio.</p>
<p style="text-align: justify;"><span id="more-4587"></span></p>
<p style="text-align: justify;">&#8220;En África enviar a una mujer a la universidad no es una prioridad ni para la familia ni para la comunidad&#8221;, explica la joven en una conversación con eldiario.es. Sin embargo, ella estaba convencida de la importancia de estudiar para tener un futuro mejor, poder ayudar a su familia e incluso mejorar la situación de su comunidad.</p>
<p style="text-align: justify;">&#8220;Para mi madre también era importante que yo fuera a la escuela y a la universidad, pero cuando llegó el momento no tenía para pagar los gastos&#8221;, relata. &#8221;La mayor parte de los africanos cree que la mujer debe quedarse en casa y cuidar de los niños, así que no tienen trabajo y, en consecuencia, no tienen dinero&#8221;, apunta.</p>
<p style="text-align: justify;">Sylvia Jemutai está enamorada de la naturaleza desde que era una niña. Recuerda que cuando era pequeña plantó diez árboles, aportando así su granito de arena en un entorno que sufría. &#8220;Mi pueblo está cerca del bosque&#8221;, cuenta Sylvia, &#8220;y me molesta muchísimo ver la degradación que está ocasionando el uso descontrolado que hace de él la población&#8221;. Así que, en 2011, con el objetivo de conseguir los conocimientos necesarios para ser más útil, comenzó el grado de Conservación Medioambiental en la universidad de Nairobi, la capital de Kenia, con la ayuda de su hermana mayor.</p>
<p style="text-align: justify;">Para Faith Mumbua también era muy importante poder estudiar. &#8220;Mi padre no quería que fuera al colegio, pero mi madre insistió&#8221;, dice. Más adelante, para ir a la universidad, también tuvo que insistir y finalmente logró que fuera su padre quien invirtiera una parte de sus humildes ahorros en pagarle los gastos del primer curso de Conservación Medioambiental, también en la universidad de Nairobi.</p>
<p style="text-align: justify;">Lilian, Sylvia y Faith tienen varias cosas en común. Son todas kenianas, procedentes de zonas rurales y familias empobrecidas, pero han ido a la universidad, han terminado sus estudios en los últimos dos años y ahora están trabajando. Todas creen en la educación como medio para salir de la pobreza y mejorar sus vidas, las de sus familias y las de sus comunidades.</p>
<p style="text-align: justify;">Y, finalmente, todas han sido becadas desde su segundo año de carrera por la ONG española <a href="http://www.thesouthface.org.es/"> The South Face</a> (TSF) que trabaja en Kenia y Somalia facilitando a estudiantes con pocos recursos, pero buenas notas, el acceso y la permanencia en la universidad &#8220;para que puedan desarrollar sus capacidades y convertirse en agentes productivos para su país y su comunidad. Queremos que sean líderes del cambio social&#8221;, explica la organización en su página web.</p>
<p><img class="aligncenter" alt="Kenia educa a sus mujeres, el motor de las comunidades" src="https://images.eldiario.es/politica/Kenia-educa-mujeres-motor-comunidades_EDIIMA20150904_0613_19.jpg" width="643" height="427" /></p>
<h5>Nueve chicas becadas por TSF en la Universidad de Nairobi. The South Face</h5>
<p style="text-align: justify;">&#8220;Para mí, estudiar es una oportunidad de ayudar a mi familia&#8221;, comenta Sylvia Jemutai. Pero es algo que también ha afectado a su entorno. &#8220;Muchas amigas me dicen que me admiran y envidian por mi modo de vivir y gente del pueblo me llama para decirme que les gustaría hacer lo mismo que yo&#8221;, asegura la joven.</p>
<p style="text-align: justify;">&#8220;Yo les digo que no es fácil. Ya están casadas y con hijos, pero les animo a llevar a sus niños a la escuela y quizás, en el futuro, podré ayudarlos a que vayan a la universidad&#8221;, prosigue. &#8220;También les digo que se quiten de su cabeza el &#8216;soy pobre&#8217; o el &#8216;no puedo conseguir nada&#8217;&#8221;, añade.</p>
<p style="text-align: justify;">Tras terminar sus estudios, Faith Mumbua piensa lo mismo. &#8220;Que alguien sea pobre no significa que no pueda hacer algo en la vida. Pero se necesita determinación y confianza. Yo me rijo por la creencia de que cuando realmente quieres algo lo harás, solo es cuestión de tiempo&#8221;, opina la joven.</p>
<p style="text-align: justify;">El crecimiento económico de un país depende, a juicio de The South Face, de que las generaciones que lleven a cabo esta tarea estén cualificadas. Para ello, se debe democratizar el acceso a la educación con un principio clave: que África eduque a África, es decir, que las jóvenes estudien en su país de origen para que conozcan de primera mano las problemáticas que hay que erradicar.</p>
<h3 style="text-align: justify;">La comunidad cree que &#8220;no es rentable&#8221;</h3>
<p style="text-align: justify;">Las mujeres están en desventaja frente a los hombres, también en el acceso a la educación. Según los últimos datos recopilados por Naciones Unidas, en Kenia el 41% de los estudiantes que acceden a estudios superiores son mujeres, esto es, 70 mujeres por cada 100 hombres. Sin embargo, suelen trabajar sobre todo en el sector informal y constituyen solo el 35,7% de los trabajadores asalariados no agrícolas.</p>
<p style="text-align: justify;">Además, las mujeres apenas representan un 19,7% de los escaños en el Parlamento, en el que ocupan 69 asientos de 350. Por estos motivos, la ONG ha becado ya a una treintena de mujeres en Kenia y Somalia, uno de los países marcados en rojo en el mapa mundial de los derechos de las mujeres.</p>
<p style="text-align: justify;">Más allá del rol tradicional asignado a la mujer, por el cual debe quedarse en casa y al cuidado de los hijos, Faith explica por qué, a su juicio, hay un mayor número de mujeres analfabetas que de hombres. &#8220;La comunidad considera que invertir en la educación de una mujer no es rentable porque, por tradición, cuando se casan se van a vivir al pueblo del marido y no hay beneficios&#8221;, sostiene.</p>
<p style="text-align: justify;">Pero ella no está de acuerdo. Tampoco Sylvia y Lilian. &#8220;Si educas a una chica, educas a toda la comunidad, todo el mundo obtiene beneficio&#8221;, asegura esta ultima. &#8220;Si educas a una chica ayudas a la comunidad incluso si ella se casa, no va a olvidar a su familia, siempre va a ayudarla&#8221;, recalca Faith.</p>
<p style="text-align: justify;">Pero que una mujer logre estudiar no solo le favorece a ella, a la comunidad y a la familia a la que pertenece, también contribuye al progreso del país. Sylvia Jemutai está actualmente haciendo prácticas con una empresa de consultoría medioambiental. Su firme compromiso con la naturaleza y los bosques apunta a que seguirá batallando en la defensa del medio ambiente.</p>
<p style="text-align: justify;">A Faith Mumbua le obsesionan los efectos del cambio climático y desde el año pasado trabaja para el Gobierno keniano, coordinando la puesta en marcha de los proyectos para mitigar su impacto en su distrito, donde en los últimos 15 años ha cambiado el clima y cada vez hay menos agua.</p>
<p style="text-align: justify;">Lilian Naserian es hoy profesora en la mejor escuela de su región y ha creado una organización para trabajar por el empoderamiento de las mujeres en su comunidad. Le preocupan el matrimonio forzoso y la mutilación genital femenina, problemas que no solo trata con las mujeres y hombres de su pueblo, sino de los que también intenta sensibilizar a sus alumnos. Además, ya ha devuelto la vaca a su tío, y espera conseguirle muchas más.</p>
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		<title>Kenia educa a sus mujeres, el motor de las comunidades</title>
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		<pubDate>Sun, 06 Sep 2015 09:07:16 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Comunicación TSF</dc:creator>
				<category><![CDATA[TSF en los medios]]></category>

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		<description><![CDATA[En el seno de familias muy humildes, nueve chicas kenianas fantaseaban de pequeñas, como cualquier niño del planeta, con ser ingenieras o profesoras. Hoy la ONG española The South Face (TSF, La cara del sur) ha hecho posible que cumplan su sueño y estudien en la Universidad de Nairobi. Desde que eran pequeñas, estas jóvenes, que proceden de lugares rurales con recursos limitados, han tenido algo muy claro: querían ir a la universidad para poder impulsar en un futuro sus destinos y los de su comunidad. Por eso, TSF, que empezó a trabajar en Kenia en 2009, otorga desde hace cuatro años ayudas a chicas para que puedan estudiar en la universidad. Lilian, una de las jóvenes becadas perteneciente a la conocida tribu de los masai, tenía 12 años cuando su familia le dijo que la casarían con un hombre de 40. Se escapó de casa. Cuando cumplió 18 años acudió a una de las reuniones que organiza TSF y, ante la perplejidad de más de 50 hombres de su tribu, ardió en críticas contra la ablación genital femenina y el matrimonio infantil. En ese preciso momento TSF supo que la joven merecía una oportunidad y se la dio. El próximo diciembre Lilian se licenciará en Magisterio. &#8220;Mi educación es un compromiso con mi comunidad, una herramienta para transformar vidas y pasar de la pobreza a una vida digna, y de la ignorancia al conocimiento&#8221;, explica Lilian a Efe. De esta manera, la ONG española defiende un nuevo modelo de cooperación basado en la &#8220;justicia&#8221;, con el que se acabó la caridad y las campañas para crear conciencia en las que solo aparecen niños famélicos. &#8220;No queremos sacar rédito de la pobreza&#8221;, explica a Efe el fundador de The South Face, Borja Juez, que insiste en que la cooperación tiene que ser una inversión en la que &#8220;África eduque a África&#8221;, para que, en un futuro, Occidente pueda aprender de los africanos. &#8220;Al principio la gente entraba en nuestra web y veía a chicas bien vestidas y pensaba: &#8216;¿Para qué necesitan ayuda?&#8217;&#8221;, cuenta Juez, pero &#8220;nosotros no somos una ONG, somos lo que el Gobierno no hace&#8221;. La entidad se sustenta gracias a la financiación que recibe desde España a través de iniciativas poco convencionales. Por ejemplo, los catalanes ya pueden aportar su granito de arena tomando un cóctel con el nombre de The South Face o comprando una barra de pan bajo la misma marca. En países como Kenia, el acceso a estudios superiores resulta complicado para las familias humildes, que no pueden hacer frente al coste de la matrícula. Por eso, sus becas están dirigidas a chicas que viven en zonas rurales y que están comprometidas con su comunidad para alimentar la falta de oportunidades del sistema. La entidad apuesta así por el liderazgo femenino en tierras tribales, porque &#8220;las chicas son el motor de África, el papel de la mujer es infinitamente más importante que el del hombre&#8221;, destaca Juez. Otra de las jóvenes becadas es Agnes Wangui, que antes tenía que trabajar para poder pagarse sus estudios y apenas acudía a clase. &#8220;Desde que encontré a TSF mis notas mejoraron notablemente, ahora no tengo que preocuparme por pagar la matrícula, sino solo por estudiar&#8221;, explica. Otro de los objetivos de la ONG es evitar una fuga de cerebros. Por eso lucha para que el conocimiento de estas chicas se quede en el país y ayude al progreso de sus comunidades. Su próximo reto es ampliar su proyecto a la vecina Somalia para empoderar a las mujeres somalíes a través de la educación. Ahora, todas estas chicas ya piensan en organizar charlas en sus comunidades sobre los principales obstáculos que les impiden progresar, como la ablación y el matrimonio infantil, para que las niñas sean capaces de mirar más allá de la tradición de sus tribus. Tras un largo camino, hoy mismo cinco de ellas se graduan y se convierten en ingenieras dispuestas a trabajar en su país y devolver la oportunidad que TSF les brindó en forma de más educación para sus comunidades. Texto: Alba Villén   Fuente: lavanguardia.com]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><img class="aligncenter size-full wp-image-3681" alt="estudiantes" src="http://www.thesouthface.org.es/wp-content/uploads/2015/02/estudiantes.jpg" width="100%" /></p>
<p style="text-align: justify;">En el seno de familias muy humildes, nueve chicas kenianas fantaseaban de pequeñas, como cualquier niño del planeta, con ser ingenieras o profesoras. Hoy la ONG española The South Face (TSF, La cara del sur) ha hecho posible que cumplan su sueño y estudien en la Universidad de Nairobi.</p>
<p><span id="more-3820"></span></p>
<p style="text-align: justify;">Desde que eran pequeñas, estas jóvenes, que proceden de lugares rurales con recursos limitados, han tenido algo muy claro: querían ir a la universidad para poder impulsar en un futuro sus destinos y los de su comunidad.</p>
<p style="text-align: justify;">Por eso, TSF, que empezó a trabajar en Kenia en 2009, otorga desde hace cuatro años ayudas a chicas para que puedan estudiar en la universidad.</p>
<p style="text-align: justify;">Lilian, una de las jóvenes becadas perteneciente a la conocida tribu de los masai, tenía 12 años cuando su familia le dijo que la casarían con un hombre de 40. Se escapó de casa.</p>
<p style="text-align: justify;">Cuando cumplió 18 años acudió a una de las reuniones que organiza TSF y, ante la perplejidad de más de 50 hombres de su tribu, ardió en críticas contra la ablación genital femenina y el matrimonio infantil.</p>
<p style="text-align: justify;">En ese preciso momento TSF supo que la joven merecía una oportunidad y se la dio. El próximo diciembre Lilian se licenciará en Magisterio.</p>
<p style="text-align: justify;">&#8220;Mi educación es un compromiso con mi comunidad, una herramienta para transformar vidas y pasar de la pobreza a una vida digna, y de la ignorancia al conocimiento&#8221;, explica Lilian a Efe.</p>
<p style="text-align: justify;">De esta manera, la ONG española defiende un nuevo modelo de cooperación basado en la &#8220;justicia&#8221;, con el que se acabó la caridad y las campañas para crear conciencia en las que solo aparecen niños famélicos.</p>
<p style="text-align: justify;">&#8220;No queremos sacar rédito de la pobreza&#8221;, explica a Efe el fundador de The South Face, Borja Juez, que insiste en que la cooperación tiene que ser una inversión en la que &#8220;África eduque a África&#8221;, para que, en un futuro, Occidente pueda aprender de los africanos.</p>
<p style="text-align: justify;">&#8220;Al principio la gente entraba en nuestra web y veía a chicas bien vestidas y pensaba: &#8216;¿Para qué necesitan ayuda?&#8217;&#8221;, cuenta Juez, pero &#8220;nosotros no somos una ONG, somos lo que el Gobierno no hace&#8221;.</p>
<p style="text-align: justify;">La entidad se sustenta gracias a la financiación que recibe desde España a través de iniciativas poco convencionales. Por ejemplo, los catalanes ya pueden aportar su granito de arena tomando un cóctel con el nombre de The South Face o comprando una barra de pan bajo la misma marca.</p>
<p style="text-align: justify;">En países como Kenia, el acceso a estudios superiores resulta complicado para las familias humildes, que no pueden hacer frente al coste de la matrícula.</p>
<p style="text-align: justify;">Por eso, sus becas están dirigidas a chicas que viven en zonas rurales y que están comprometidas con su comunidad para alimentar la falta de oportunidades del sistema.</p>
<p style="text-align: justify;">La entidad apuesta así por el liderazgo femenino en tierras tribales, porque &#8220;las chicas son el motor de África, el papel de la mujer es infinitamente más importante que el del hombre&#8221;, destaca Juez.</p>
<p style="text-align: justify;">Otra de las jóvenes becadas es Agnes Wangui, que antes tenía que trabajar para poder pagarse sus estudios y apenas acudía a clase.</p>
<p style="text-align: justify;">&#8220;Desde que encontré a TSF mis notas mejoraron notablemente, ahora no tengo que preocuparme por pagar la matrícula, sino solo por estudiar&#8221;, explica.</p>
<p style="text-align: justify;">Otro de los objetivos de la ONG es evitar una fuga de cerebros. Por eso lucha para que el conocimiento de estas chicas se quede en el país y ayude al progreso de sus comunidades.</p>
<p style="text-align: justify;">Su próximo reto es ampliar su proyecto a la vecina Somalia para empoderar a las mujeres somalíes a través de la educación.</p>
<p style="text-align: justify;">Ahora, todas estas chicas ya piensan en organizar charlas en sus comunidades sobre los principales obstáculos que les impiden progresar, como la ablación y el matrimonio infantil, para que las niñas sean capaces de mirar más allá de la tradición de sus tribus.</p>
<p style="text-align: justify;">Tras un largo camino, hoy mismo cinco de ellas se graduan y se convierten en ingenieras dispuestas a trabajar en su país y devolver la oportunidad que TSF les brindó en forma de más educación para sus comunidades.</p>
<p style="text-align: justify;">Texto: Alba Villén   Fuente: <a href="http://www.lavanguardia.com/vida/20150904/54436244732/kenia-educa-a-sus-mujeres-el-motor-de-las-comunidades.html" target="_blank">lavanguardia.com</a></p>
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		<title>El negocio de la pobreza</title>
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		<pubDate>Wed, 12 Aug 2015 08:24:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Xavi</dc:creator>
				<category><![CDATA[Artículos]]></category>
		<category><![CDATA[María Ferreira]]></category>

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		<description><![CDATA[Mirad las siguientes fotos y decidme qué veis. ‘Niños pobres’, diréis algunos. Un negocio, señores. Lo que vemos en estas fotos es un negocio. Vamos a imaginar por un momento que sin dar ninguna explicación subimos estas fotos a la página web de una ONG cualquiera. Las personas que visiten la web no tendrán información sobre quiénes son estas personas, por qué van descalzas, por qué sus ropas están rotas. Son niños pobres. Necesitan ayuda. Apretemos el botón de donar. Listo. Sin involucrarnos más. Sin más información. El orfanato donde residen estos niños recibe de media unos 1800 euros al mes. Y estamos hablando de un orfanato pobre. Los hay que reciben mucho más. Sin embargo cuando vamos a visitarlo no vemos ni rastro del dinero. El lugar está extremadamente sucio, los niños juegan al fútbol en una habitación con una sola ventana que da a un patio interior. Muchos tosen. Los dormitorios son húmedos y los colchones están plagados de chinches. La directora nos muestra el edificio y nos cuenta historias tristes como si de una atracción turística se tratara. El cuadro es miserable. Pero es así como funciona el mundo, amigos. ¿No sería mejor desmantelar un lugar así?, me pregunto. ¿No sería mejor abolir estos orfanatos infectos que acumulan niños hambrientos como producto? Al final este tipo de refugios se asemejan más a un centro de peregrinaje del blanco bueno que viaja convencido de que su mera presencia puede cambiar algo. Dejemos de engañarnos; las buenas intenciones y la bondad por sí mismas no cambian absolutamente nada. La pobreza vende muchísimo, llama la atención, la pena mueve dinero. Pero ese dinero se va a los bolsillos de las personas que mantienen la miseria como negocio. Parece que cuestionar la pobreza nos convierte en malas personas. Como si esta fuera un todo intocable y no una consecuencia. Este es un error categorial muy gordo. Hay casos en los que la pobreza es perpetuada por aquellos que más parecen luchar contra ella. (Cuidado, critico aquí a estos modelos de negocio, no a las miles de personas en el mundo que dedican su vida a los demás y que cuentan con toda mi admiración.) ‘No hay dinero’, se quejaba la mujer. ‘¿Y las donaciones?’, le pregunté. ‘Cuesta mucho mantener a los niños’, explicaba ella. ‘Sí, pero los niños no comen más que ugali. Los niños van descalzos. Los niños no tienen ropa. ¿Usted gasta el dinero en qué?’ ‘En el lugar, en el agua, en pagar la electricidad’. ¿Ayudar? Ayudar sería coger todo ese dinero y meter a esos niños en un internado donde tengan las condiciones necesarias para estudiar y formarse. Pero entonces el producto se desvanece. Adiós al romanticismo del orfanato africano. Mantener un orfanato de veinte niños cuesta tres veces más que pagar directamente su educación (comida y alojamiento incluidos).  Adiós a los museos de la pobreza. ¿A dónde irán los turistas bondadosos a hacerse fotos? Y es que parece que en el mundo ONG importa más “la buena intención” que los resultados. Abolamos  las premisas intelectuales de dichas organizaciones, abolamos las buenas intenciones, abolamos la ayuda, creemos sistemas educativos justos que no provengan de la caridad mal entendida sino de los mismos derechos humanos. El derecho a la educación de calidad. El derecho a ser niño. El derecho a no pasar hambre. Acabemos con la idea de la donación y cambiémosla por la de inversión: invirtamos en jóvenes de futuro brillante capaz de sacar adelante estos países. Reivindiquemos la parte activa de quien invierte. Dejemos de asociar la idea ONG a la pobreza y empecemos a asociarla a innovación, educación, excelencia, honestidad. Distanciémonos de todo sentimentalismo a la hora de abordar estrategias y objetivos. La caridad nos lleva de vuelta a un discurso colonial que no debería tener cabida en las premisas de ninguna organización. Quizá entonces se acabarán las oportunidades del voluntariado tal y como lo conocemos (porque en cambio habrá profesionales competentes sobre el terreno). Se acabará con “el viaje de lavado de conciencia” y se acabará, de una vez por todas, con el miserable negocio de la pobreza. María Ferreira]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">Mirad las siguientes fotos y decidme qué veis.</p>

<a href='https://www.thesouthface.org.es/el-negocio-de-la-pobreza/olympus-digital-camera-3/' title='El negocio de la pobreza 1'><img width="150" height="150" src="https://www.thesouthface.org.es/wp-content/uploads/2015/08/mferreirasf1-150x150.jpg" class="attachment-thumbnail" alt="El negocio de la pobreza 1" /></a>
<a href='https://www.thesouthface.org.es/el-negocio-de-la-pobreza/olympus-digital-camera-2/' title='El negocio de la pobreza 2'><img width="150" height="150" src="https://www.thesouthface.org.es/wp-content/uploads/2015/08/mferreirasf2-150x150.jpg" class="attachment-thumbnail" alt="El negocio de la pobreza 2" /></a>
<a href='https://www.thesouthface.org.es/el-negocio-de-la-pobreza/olympus-digital-camera/' title='El negocio de la pobreza 3'><img width="150" height="150" src="https://www.thesouthface.org.es/wp-content/uploads/2015/08/mferreirasf3-150x150.jpg" class="attachment-thumbnail" alt="El negocio de la pobreza 3" /></a>

<p style="text-align: justify;">‘Niños pobres’, diréis algunos.</p>
<p style="text-align: justify;">Un negocio, señores. Lo que vemos en estas fotos es un negocio. Vamos a imaginar por un momento que sin dar ninguna explicación subimos estas fotos a la página web de una ONG cualquiera. Las personas que visiten la web no tendrán información sobre quiénes son estas personas, por qué van descalzas, por qué sus ropas están rotas. Son niños pobres. Necesitan ayuda. Apretemos el botón de donar. Listo. Sin involucrarnos más. Sin más información.</p>
<p style="text-align: justify;"><span id="more-3808"></span></p>
<p style="text-align: justify;">El orfanato donde residen estos niños recibe de media unos 1800 euros al mes. Y estamos hablando de un orfanato pobre. Los hay que reciben mucho más. Sin embargo cuando vamos a visitarlo no vemos ni rastro del dinero. El lugar está extremadamente sucio, los niños juegan al fútbol en una habitación con una sola ventana que da a un patio interior. Muchos tosen. Los dormitorios son húmedos y los colchones están plagados de chinches.</p>
<p style="text-align: justify;">La directora nos muestra el edificio y nos cuenta historias tristes como si de una atracción turística se tratara. El cuadro es miserable. Pero es así como funciona el mundo, amigos.</p>
<p style="text-align: justify;">¿No sería mejor desmantelar un lugar así?, me pregunto. ¿No sería mejor abolir estos orfanatos infectos que acumulan niños hambrientos como producto? Al final este tipo de refugios se asemejan más a un centro de peregrinaje del blanco bueno que viaja convencido de que su mera presencia puede cambiar algo. Dejemos de engañarnos; las buenas intenciones y la bondad por sí mismas no cambian absolutamente nada. La pobreza vende muchísimo, llama la atención, la pena mueve dinero. Pero ese dinero se va a los bolsillos de las personas que mantienen la miseria como negocio.</p>
<p style="text-align: justify;">Parece que cuestionar la pobreza nos convierte en malas personas. Como si esta fuera un todo intocable y no una consecuencia. Este es un error categorial muy gordo. Hay casos en los que la pobreza es perpetuada por aquellos que más parecen luchar contra ella. (Cuidado, critico aquí a estos modelos de negocio, no a las miles de personas en el mundo que dedican su vida a los demás y que cuentan con toda mi admiración.)</p>
<p style="text-align: justify;">‘No hay dinero’, se quejaba la mujer.</p>
<p style="text-align: justify;">‘¿Y las donaciones?’, le pregunté.</p>
<p style="text-align: justify;">‘Cuesta mucho mantener a los niños’, explicaba ella.</p>
<p style="text-align: justify;">‘Sí, pero los niños no comen más que ugali. Los niños van descalzos. Los niños no tienen ropa. ¿Usted gasta el dinero en qué?’</p>
<p style="text-align: justify;">‘En el lugar, en el agua, en pagar la electricidad’.</p>
<p style="text-align: justify;">¿Ayudar? Ayudar sería coger todo ese dinero y meter a esos niños en un internado donde tengan las condiciones necesarias para estudiar y formarse. Pero entonces el producto se desvanece. Adiós al romanticismo del orfanato africano. Mantener un orfanato de veinte niños cuesta tres veces más que pagar directamente su educación (comida y alojamiento incluidos).  Adiós a los museos de la pobreza.</p>
<p style="text-align: justify;">¿A dónde irán los turistas bondadosos a hacerse fotos?</p>
<p style="text-align: justify;">Y es que parece que en el mundo ONG importa más “la buena intención” que los resultados. Abolamos  las premisas intelectuales de dichas organizaciones, abolamos las buenas intenciones, abolamos la ayuda, creemos sistemas educativos justos que no provengan de la caridad mal entendida sino de los mismos derechos humanos. El derecho a la educación de calidad. El derecho a ser niño. El derecho a no pasar hambre.</p>
<p style="text-align: justify;">Acabemos con la idea de la donación y cambiémosla por la de inversión: invirtamos en jóvenes de futuro brillante capaz de sacar adelante estos países. Reivindiquemos la parte activa de quien invierte. Dejemos de asociar la idea ONG a la pobreza y empecemos a asociarla a innovación, educación, excelencia, honestidad. Distanciémonos de todo sentimentalismo a la hora de abordar estrategias y objetivos. La caridad nos lleva de vuelta a un discurso colonial que no debería tener cabida en las premisas de ninguna organización.</p>
<p style="text-align: justify;">Quizá entonces se acabarán las oportunidades del voluntariado tal y como lo conocemos (porque en cambio habrá profesionales competentes sobre el terreno). Se acabará con “el viaje de lavado de conciencia” y se acabará, de una vez por todas, con el miserable negocio de la pobreza.</p>
<p style="text-align: right;">María Ferreira</p>
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		<title>Noreste de Kenia: El futuro del NO</title>
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		<pubDate>Tue, 30 Jun 2015 21:27:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Xavi</dc:creator>
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		<category><![CDATA[María Ferreira]]></category>

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		<description><![CDATA[“Soy la tercera mujer de mi marido, tengo quince años y he abortado porque no quiero tener hijos”, relata Aisha en una clínica de Liboi, una ciudad del Noreste de Kenia a tan solo dieciocho kilómetros de la frontera con Somalia. “Tampoco quiero estar casada, pero no tengo dinero ni estudios así que no tengo a dónde ir”. La clínica, situada a las afueras de la ciudad, es una de las pocas que realizan abortos en la zona, práctica ilegal en todo el país. Según la constitución el aborto sólo está permitido en caso de que la vida de la madre corra peligro. Liboi forma parte de la provincia de Garissa, donde la población es de mayoría Somalí. La población se enfrenta a una situación de ambigüedad entre las leyes de Kenia, las leyes islámicas y la fuerte tradición cultural. La Mutilación Genital Femenina (MGF) es ilegal en Kenia desde el año 2011, sin embargo según la tradición somalí una mujer ha de estar mutilada para poder casarse, por lo tanto la ablación ha de practicarse en secreto, sin asistencia médica profesional y sin condiciones sanitarias adecuadas. Nadira, enfermera somalí residente en Liboi, explica que la carencia de educación sexual en la zona y la existencia de tabúes a la hora de hablar de contracepción y salud reproductiva ponen en riesgo la vida de muchas mujeres que abortan en clínicas clandestinas donde a veces se utilizan instrumentos sin esterilizar.  Según un estudio llevado a cabo por el African Population and Health Research Centre en 2013 se llevaron a cabo 464,690 abortos en Kenia y más de 20,000 mujeres son hospitalizadas cada año a causa de complicaciones derivadas de esta práctica. “Hay mujeres que vienen a comprar píldoras anticonceptivas, pero jamás lo admitirán públicamente ni hablarán de ello a sus hijas”, cuenta Nadira. El cuerpo de la mujer, en esta zona, es el campo de batalla entre la tradición y los derechos humanos.  “Incluso el uso de preservativos se asocia en el discurso de muchos imanes al fracaso en el matrimonio y a la depresión y suicidio entre los adolescentes que practican sexo prematrimonial”, añade. “La planificación familiar es considerada en esta zona como una imposición de los valores occidentales, esto produce rechazo ya que se entiende como un intento de control e incluso de conspiración para limitar el número de nacimientos de Musulmanes”, explica Assad Mohamoud, ginecólogo somalí residente en Toronto. Aisha se casó cuando cumplió los catorce años y acababa de empezar la escuela secundaria. Tuvo que abandonar el instituto para dedicarse a las labores del hogar, junto a las otras dos mujeres de su marido. Aisha depende completamente de él. Al no haber continuado con sus estudios, ni haberse formado en ninguna profesión, no puede trabajar fuera de casa. El único acto de libertad que ha emprendido ha sido el de abortar, y eso le ha provocado una infección uterina con complicaciones que la mantienen ingresada en el hospital de Garissa. “Si mi marido se entera será una desgracia para mi familia”, explica. “Por eso mi madre está cuidando de mí”. “Ninguna niña debería verse sometida al matrimonio forzado, al igual que ninguna niña debería verse sometida a la Mutilación Genital Femenina. Tampoco deberían verse privadas del derecho a una educación de calidad”, declara Iman Maalim, profesora de inglés en Garissa. “Pero esta es la realidad aquí. Una realidad que se permite desde el gobierno local, desde la policía y desde los directores de muchos colegios”. La mayoría de las mujeres hospitalizadas a causas de complicaciones del aborto tienen entre 14 y 25 años, la mayoría de ellas sin estudios secundarios finalizados según el African Population and Health Research. Esto pone un foco de esperanza en la educación. ¿Qué pasaría si a todas estas mujeres se les hubiera facilitado la asistencia a un instituto o a un centro de formación profesional? Debemos poner todos nuestros esfuerzos en hacer saber que la verdadera necesidad en estas zonas es la libertad de las mujeres, su independencia. El futuro en esta zona de Kenia nacerá del NO rotundo de las mujeres. No a la Mutilación Genital Femenina. No al matrimonio forzado. No a la prohibición de métodos anticonceptivos. No al abandono escolar. No. María Ferreira]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">“Soy la tercera mujer de mi marido, tengo quince años y he abortado porque no quiero tener hijos”, relata Aisha en una clínica de Liboi, una ciudad del Noreste de Kenia a tan solo dieciocho kilómetros de la frontera con Somalia. “Tampoco quiero estar casada, pero no tengo dinero ni estudios así que no tengo a dónde ir”. La clínica, situada a las afueras de la ciudad, es una de las pocas que realizan abortos en la zona, práctica ilegal en todo el país. Según la constitución el aborto sólo está permitido en caso de que la vida de la madre corra peligro.</p>
<p style="text-align: justify;">Liboi forma parte de la provincia de Garissa, donde la población es de mayoría Somalí. La población se enfrenta a una situación de ambigüedad entre las leyes de Kenia, las leyes islámicas y la fuerte tradición cultural. La Mutilación Genital Femenina (MGF) es ilegal en Kenia desde el año 2011, sin embargo según la tradición somalí una mujer ha de estar mutilada para poder casarse, por lo tanto la ablación ha de practicarse en secreto, sin asistencia médica profesional y sin condiciones sanitarias adecuadas.</p>
<p style="text-align: justify;"><span id="more-3801"></span></p>
<p style="text-align: justify;">Nadira, enfermera somalí residente en Liboi, explica que la carencia de educación sexual en la zona y la existencia de tabúes a la hora de hablar de contracepción y salud reproductiva ponen en riesgo la vida de muchas mujeres que abortan en clínicas clandestinas donde a veces se utilizan instrumentos sin esterilizar.  Según un estudio llevado a cabo por el <i>African Population and Health Research</i> Centre en 2013 se llevaron a cabo 464,690 abortos en Kenia y más de 20,000 mujeres son hospitalizadas cada año a causa de complicaciones derivadas de esta práctica. “Hay mujeres que vienen a comprar píldoras anticonceptivas, pero jamás lo admitirán públicamente ni hablarán de ello a sus hijas”, cuenta Nadira. El cuerpo de la mujer, en esta zona, es el campo de batalla entre la tradición y los derechos humanos.  “Incluso el uso de preservativos se asocia en el discurso de muchos imanes al fracaso en el matrimonio y a la depresión y suicidio entre los adolescentes que practican sexo prematrimonial”, añade.</p>
<p style="text-align: justify;">“La planificación familiar es considerada en esta zona como una imposición de los valores occidentales, esto produce rechazo ya que se entiende como un intento de control e incluso de conspiración para limitar el número de nacimientos de Musulmanes”, explica Assad Mohamoud, ginecólogo somalí residente en Toronto.</p>
<p style="text-align: justify;">Aisha se casó cuando cumplió los catorce años y acababa de empezar la escuela secundaria. Tuvo que abandonar el instituto para dedicarse a las labores del hogar, junto a las otras dos mujeres de su marido. Aisha depende completamente de él. Al no haber continuado con sus estudios, ni haberse formado en ninguna profesión, no puede trabajar fuera de casa. El único acto de libertad que ha emprendido ha sido el de abortar, y eso le ha provocado una infección uterina con complicaciones que la mantienen ingresada en el hospital de Garissa. “Si mi marido se entera será una desgracia para mi familia”, explica. “Por eso mi madre está cuidando de mí”.</p>
<p style="text-align: justify;">“Ninguna niña debería verse sometida al matrimonio forzado, al igual que ninguna niña debería verse sometida a la Mutilación Genital Femenina. Tampoco deberían verse privadas del derecho a una educación de calidad”, declara Iman Maalim, profesora de inglés en Garissa. “Pero esta es la realidad aquí. Una realidad que se permite desde el gobierno local, desde la policía y desde los directores de muchos colegios”.</p>
<p style="text-align: justify;">La mayoría de las mujeres hospitalizadas a causas de complicaciones del aborto tienen entre 14 y 25 años, la mayoría de ellas sin estudios secundarios finalizados según el <i>African Population and Health Research. </i>Esto pone un foco de esperanza en la educación. ¿Qué pasaría si a todas estas mujeres se les hubiera facilitado la asistencia a un instituto o a un centro de formación profesional? Debemos poner todos nuestros esfuerzos en hacer saber que la verdadera necesidad en estas zonas es la libertad de las mujeres, su independencia. El futuro en esta zona de Kenia nacerá del NO rotundo de las mujeres. No a la Mutilación Genital Femenina. No al matrimonio forzado. No a la prohibición de métodos anticonceptivos. No al abandono escolar. No.</p>
<p style="text-align: right;">María Ferreira</p>
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		<title>Día de África</title>
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		<pubDate>Mon, 25 May 2015 08:17:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Xavi</dc:creator>
				<category><![CDATA[Artículos]]></category>
		<category><![CDATA[Marta Arias]]></category>

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		<description><![CDATA[Hoy se celebra el Día de África. Pero ¿por qué el 25 de mayo? Hoy hace 52 años, en 1963, nacía oficialmente la Organización de la Unidad Africana (OUA) en Addis Abeba (Etiopía) que luego se convertiría en la actual Unión Africana (UA).  En este último medio siglo muchas cosas han cambiado en el continente, pero otras tantas siguen igual. Por eso abrimos este blog: para tener una ventana abierta a África desde la que observar y contar lo que pasa en el continente vecino. Decía Nelson Mandela que la educación es el arma más poderosa que se puede utilizar para cambiar el mundo, y por eso The South Face ha decidido usar ese pilar como hilo argumental de todas las historias que aquí se recojan. Porque la clave no está en imponer programas occidentales, sino en impulsar los locales. África educa a África. Algo similar piensa Irene Atieno Oduor, una de las jóvenes becadas por The South Face. Está convencida de que es precisamente la educación la mejor forma de acabar con el que considera el principal problema de su país: la corrupción. Esta joven keniata estudia Ingeniería Civil en la Universidad de Nairobi. Cuando deja volar su imaginación, Irene se ve a sí misma trabajando en una gran empresa de ingeniería. “Habré obtenido la experiencia necesaria para ese campo, pero también espero poder ayudar a la gente a llegar hasta dónde yo he llegado”, dice. En el año 2000, el programa Education For All (EFA) se marcó una agenda con seis objetivos para 2015 a los que llamó Marco de Acción Dakar. La semana pasada, en plena línea de llegada, se volvieron a reunir durante el Foro Mundial de la Educación para hacer balance del recorrido. El informe resultante de este encuentro en Corea indica que más de 58 millones de niños y niñas siguen sin acudir a la escuela, un tercio de los cuales viven además en una zona de guerra o conflicto. Según los últimos datos de la UNESCO, 30 millones del total de niños sin escolarizar se encuentran en África Subsahariana. Para Dorcas Chelang&#8217;at Korir, otra de las chicas becadas por The South Face, ir a la Universidad es la manera de descubrir el mundo. Un mundo que, en muchas ocasiones, está a la vuelta de la esquina. Esta estudiante de Ingeniería Medioambiental y Biosistemas recuerda las últimas elecciones generales que hubo en su país. “Para el resto de mi familia y mi comunidad, las elecciones significan votar a quién les dicen, pero no saben por qué”. Pero yo, al haber ido a la Universidad, sé qué tipo de líder y qué modelo de país quiero”. El Informe indica que ha habido importantes avances, sí, pero también que queda mucho por hacer. Para The South Face, facilitar el acceso a la educación a chicas sin recursos económicos es la mejor manera de cooperar con la transformación social. Alcanzar la educación primaria universal es un paso fundamental que no debe quedarse ahí; apoyando el acceso a la secundaria y a estudios superiores se facilita, además, la incorporación de estas jóvenes al mundo laboral. Sin educación, no puede construirse el futuro. Marta Arias]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;"><img class=" wp-image-3773 aligncenter" alt="chicastsf" src="http://www.thesouthface.org.es/wp-content/uploads/2015/05/chicastsf.jpg" width="504" height="336" /></p>
<p style="text-align: justify;"><i>Hoy se celebra el Día de África. Pero ¿por qué el 25 de mayo? Hoy hace 52 años, en 1963, nacía oficialmente la <b>Organización de la Unidad Africana</b> (OUA) en Addis Abeba (Etiopía) que luego se convertiría en la actual <b>Unión Africana</b> (UA).  En este último medio siglo muchas cosas han cambiado en el continente, pero otras tantas siguen igual. Por eso abrimos este blog: para tener <b>una</b> <b>ventana abierta a África</b> desde la que observar y contar lo que pasa en el continente vecino. </i></p>
<p style="text-align: justify;"><span id="more-3772"></span></p>
<p style="text-align: justify;">Decía Nelson Mandela que la educación es el arma más poderosa que se puede utilizar para cambiar el mundo, y por eso The South Face ha decidido usar ese pilar como hilo argumental de todas las historias que aquí se recojan. Porque la clave no está en imponer programas occidentales, sino en impulsar los locales. <b>África educa a África</b>.</p>
<p style="text-align: justify;">Algo similar piensa <b><a href="https://vimeo.com/82180779">Irene Atieno Oduor</a></b>, una de las jóvenes becadas por The South Face. Está convencida de que es precisamente la educación la mejor forma de acabar con el que considera el principal problema de su país: la corrupción. Esta joven keniata <b>estudia Ingeniería Civil en la Universidad de Nairobi</b>. Cuando deja volar su imaginación, Irene se ve a sí misma trabajando en una gran empresa de ingeniería. “Habré obtenido la experiencia necesaria para ese campo, pero también <b>espero poder ayudar a la gente a llegar hasta dónde yo he llegado”, </b>dice.</p>
<p style="text-align: justify;">En el año 2000, el programa <b>Education For All</b> (EFA) se marcó una agenda con <a href="http://www.unesco.org/new/es/education/themes/leading-the-international-agenda/education-for-all/efa-goals/">seis objetivos</a> para 2015 a los que llamó <b><a href="http://www.unesco.org/education/wef/en-conf/dakframspa.shtm">Marco de Acción Dakar</a></b><b>.</b> La semana pasada, en plena línea de llegada, se volvieron a reunir durante el Foro Mundial de la Educación para hacer balance del recorrido.</p>
<p style="text-align: justify;">El <a href="http://unesdoc.unesco.org/images/0023/002330/233028E.pdf">informe resultante</a> de este encuentro en Corea indica que <b>más de 58 millones de niños y niñas siguen sin acudir a la escuela</b>, un tercio de los cuales viven además en una zona de guerra o conflicto. Según los últimos datos de la UNESCO, <b><a href="http://www.unesco.org/new/es/media-services/in-focus-articles/unesco-no-progress-in-reducing-global-number-of-children-out-of-school/">30 millones</a></b><b> del total de niños sin escolarizar se encuentran en África Subsahariana.</b></p>
<p style="text-align: justify;">Para <b><a href="https://vimeo.com/80737569">Dorcas Chelang&#8217;at Korir</a></b>, otra de las chicas becadas por The South Face, ir a la Universidad es la manera de descubrir el mundo. Un mundo que, en muchas ocasiones, está a la vuelta de la esquina. Esta <b>estudiante de Ingeniería Medioambiental y Biosistemas</b> recuerda las últimas elecciones generales que hubo en su país. “Para el resto de mi familia y mi comunidad, las elecciones significan votar a quién les dicen, pero no saben por qué”. Pero yo, al haber ido a la Universidad, <b>sé qué tipo de líder y qué modelo de país quiero</b>”.</p>
<p style="text-align: justify;">El Informe indica que ha habido importantes avances, sí, pero también que queda mucho por hacer. <b>Para The South Face, facilitar el acceso a la educación a chicas sin recursos económicos es la mejor manera de cooperar con la transformación social</b>. Alcanzar la educación primaria universal es un paso fundamental que no debe quedarse ahí; apoyando el acceso a la secundaria y a estudios superiores se facilita, además, la incorporación de estas jóvenes al mundo laboral.</p>
<p style="text-align: justify;">Sin educación, no puede construirse el futuro.</p>
<p style="text-align: right;">Marta Arias</p>
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		<title>Participación en &#8220;Preferències&#8221; de RNE4 (min 38:00)</title>
		<link>https://www.thesouthface.org.es/participacion-en-preferencies-de-rne4-min-3800/</link>
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		<pubDate>Thu, 09 Apr 2015 18:20:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Xavi</dc:creator>
				<category><![CDATA[TSF en los medios]]></category>

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		<description><![CDATA[El 7 de abril estuvimos en RNE4 hablando sobre nuestro trabajo en Kenya y el reciente ataque a la Universidad de Garissa. Preferències &#8211; 7 d&#8217;abril 2015 1a hora]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">El 7 de abril estuvimos en RNE4 hablando sobre nuestro trabajo en Kenya y el reciente ataque a la Universidad de Garissa.</p>
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		<title>Reportaje realizado por &#8220;Tinc una idea&#8221; RTVE (min 13:40)</title>
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		<pubDate>Wed, 26 Nov 2014 10:29:09 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Xavi</dc:creator>
				<category><![CDATA[TSF en los medios]]></category>

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		<description><![CDATA[Tinc una idea &#8211; 23/11/2014]]></description>
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