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Un sueño de 65.000 kilómetros

Blog TSF, María Rodríguez l

Texto: María Rodríguez

Fotos cedidas por Javier Colorado

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Si a Javier Colorado le hubieran ofrecido al terminar la carrera de Ingeniería Química un trabajo de lo suyo, una casa, contraer matrimonio, tener hijos y hacer una vida, llamémosle “ordenada” y “estándar”, hubiera dicho que ‘no’. Él lo tenía muy claro desde los 20 años: quería dar la vuelta al mundo en bicicleta. Unió pasión y afición y brotaron sueño y aventura, palabras que utilizamos para resumir cosas inmensas. Pero, “¿Cómo se prepara uno para dar la vuelta al mundo?”, expresa Colorado en su libro ‘La Anécdota 101’, “A pesar de los nervios, seguí adelante; era el momento de empezar a cometer errores y aprender. Creo que la mejor forma de estar preparado es asumir que nunca lo estarás hasta que des el primer paso”.

1 de octubre de 2013. Puerta del Sol. Kilómetro cero. Ese fue el inicio de un periplo que duró tres años y dos meses y que de los 55.000 kilómetros previstos se alargó a 65.298 rodados en Croacia, Grecia, Irán, Pakistán, India, Canadá, Estados Unidos, México, Colombia, Perú, Chile, Brasil, Sudáfrica, Kenya, Sudán y Egipto, entre muchos otros países del planeta.

Colorado comenzó su viaje en busca de respuestas. Cuenta que “para empezar un viaje largo tienes que tener una inquietud, nadie viaja por viajar sino buscando algo, y en función de lo que se busque durará más o menos”. Su lado deportista fue el que le impulsó a realizar el viaje en bicicleta y un pensamiento pronunciado sin reflexionar junto a un colega en un bar delató parte de sus intenciones: “Es que si supiera que no va a ser duro no lo haría”, dijo. Las horas pedaleando y de soledad le ayudaron mucho a conocerse, reflexionar y valorar y, asegura, “no me arrepiento de nada, incluso habiendo tenido momentos de estar empantanado hasta el cuello”.

El acercamiento a otros lugares y culturas siempre producen un cambio en los viajeros y con Colorado no podía ser distinto. Él explica que una experiencia que le cambió la perspectiva radicalmente fue ser voluntario en la Casa Madre Teresa de Calcuta, “un clásico en los viajeros que pasan por la India”, dice. Estuvo allí una semana, un tiempo que, asegura, no es suficiente para producir cambios, pero que sí le cambió a él. Esa experiencia le removió las tripas y le creó la inquietud de colaborar con una ONG. Entonces, contándoselo a un familiar, este le habló de The South Face y fue a través de un primer contacto vía Skype que los caminos de la organización y este viajero se unieron.

“A riesgo de parecer desagradecido, me gustaría desvelar que la hospitalidad de los que menos tienen siempre ha sido la que más he valorado”, admite Javier Colorado en su libro. Está convencido de que sin la ayuda de las personas que se cruzó en el camino su viaje no habría sido posible. Durante la entrevista, Colorado admite que decir esto “suena clásico,” y añade: “Hasta que lo vives”. “¿Cómo no voy a valorar esa calidez que es en la que están basadas las relaciones humanas? Y más aún cuando se están privando ellos por ofrecértelo, es un acto muy noble. Estoy más agradecido por vivir esa experiencia que por el plato de comida, y mira que el plato de comida lo necesitaba y sabía a gloria”, rememora.

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La hospitalidad ha marcado el viaje de Colorado del derecho y del revés. Ha sido acogido en las casas de desconocidos cuando había tormenta y cuando no, o le han dejado acampar en su jardín o en los porches de las comisarías. Le han dado un plato de comida sin hablar el mismo idioma o teniendo poquísimo que ofrecer. Además, Colorado ha recibido donaciones de personas que le seguían desde España. Cuenta que todas estas personas tenían algo en común: “se lo estaban pasando en grande con mi viaje, leyendo el blog, viendo los vídeos…” y en el momento en que se quedaba sin dinero, comenzaba a flaquear y veían que la aventura podía terminarse, tenía su apoyo.

Así, cuando Colorado recibía dinero de alguien siempre ponía su nombre en las ruedas de la bicicleta como modo de agradecerlo o se hacía una foto personalizada para esa persona, o un rótulo para su negocio, e incluso, ya en África comenzó a enviar cartas que, para su sorpresa, llegaban (todas) a destino. “Estos modos de interactuar con la gente fue otra de las experiencias preciosas del viaje”, cuenta Colorado a quien, como expresó en un cartel que colgó de su bicicleta cuando se quedó sin fondos en Brasil, “Me falta dinheiro, me sobra vontade” (me falta dinero, me sobra voluntad).

A lo largo del viaje Colorado reflexionó de qué modo podía aportar su grano de arena. El ciclista explica que “la balanza estaba descompensadísima” en relación a lo que daba y recibía, y que tenía que pensar en algo para continuar aquella “cadena de favores”. Fue estando en Chile, cuando ya había recorrido miles y miles de kilómetros, que se le ocurrió la idea de escribir un libro de anécdotas del cual el 100% de los fondos recaudados con su venta se destinara a The South Face para becar a más universitarias en Kenya y Somalia. “La gente me preguntaba por pequeñas anécdotas y sabía que cuando volviera a casa solo iban a querer conocer este tipo de historias”, explica.

El libro empezó a tomar forma en su cabeza desde entonces, y comenzó a tenerla físicamente en Addis Abeba, la capital de Etiopía. “Fue una gozada escribirlo”, reconoce, “y me  permitió hacer un repaso de todo el viaje”. Así surgió ‘La Anécdota 101’, un libro electrónico donde este viajero narra sus experiencias en breves historias que finaliza siempre con lo que él llama “una moraleja emocional, constructiva o graciosa”, junto a una fotografía para ilustrar la anécdota. También admite que fueron más de 110 anécdotas las que escribió, pero que más adelante redujo para la selección final del libro, aunque podría haber escrito hasta 500.

Pero, ¿Por qué decidió Colorado apoyar a The South Face? Él explica que lo que le enganchó fue que la organización se basara en la educación como medio para el cambio social. “Cualquier ONG te vende que están poniendo pozos a los africanos, que envían comida, pero es que igual esas no son las mejores formas para ayudarles”, opina. Piensa además que “en África la gente sigue adelante sin nuestra ayuda, nosotros muchas veces queriendo ayudar estamos empeorando las cosas”. Así que Colorado está de acuerdo con la filosofía de The South Face por la cual la educación es la herramienta para el crecimiento de un país, apostando por la cualificación de sus ciudadanos y señala también que su frase favorita de la organización es el principio ‘África educa a África’. Además, “que a las mujeres no les dejen que vayan a la escuela crea un retraso, así que lo que hace The South Face me gusta porque lo veo necesario” y dice que tampoco se olvida de una frase que le dijo el fundador de la organización la primera vez que contactaron: “Somos una ONG muy pequeñita… pero lo que queremos hacer lo queremos hacer bien”.

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El pasado mes de abril Javier Colorado volvió a lanzarse a la aventura. En aquella ocasión consistía en recorrer el río Amazonas en canoa. Durante el viaje no sólo fue acompañado de su amigo, ciclista y fotógrafo, Manu de Salvador, sino también de una barrica de whisky Glenfiddich (sus patrocinadores de este viaje) añejado en Escocia durante 15 años. Para seguir aportando algo a The South Face este otoño la subastará y la recaudación se destinará íntegramente a seguir becando a más estudiantes en Kenya y Somalia. Además, aunque se lo tiene muy callado, no es la última aventura de Colorado…

Nuestro protagonista escribe en su libro: “Recuerdo todas las veces que me han preguntado el porqué del viaje, por qué lo dejé todo para seguir un sueño… Básicamente, porque es como soy, mi forma de actuar y de ser fiel a mí mismo”. Colorado dice que viajar es lo que le ha formado como ser humano y la lección más hermosa que se lleva es que “el 99,9% de las personas tienen un corazón que no les cabe en el pecho”.