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Kenia educa a sus mujeres, el motor de las comunidades

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En el seno de familias muy humildes, nueve chicas kenianas fantaseaban de pequeñas, como cualquier niño del planeta, con ser ingenieras o profesoras. Hoy la ONG española The South Face (TSF, La cara del sur) ha hecho posible que cumplan su sueño y estudien en la Universidad de Nairobi.

Desde que eran pequeñas, estas jóvenes, que proceden de lugares rurales con recursos limitados, han tenido algo muy claro: querían ir a la universidad para poder impulsar en un futuro sus destinos y los de su comunidad.

Por eso, TSF, que empezó a trabajar en Kenia en 2009, otorga desde hace cuatro años ayudas a chicas para que puedan estudiar en la universidad.

Lilian, una de las jóvenes becadas perteneciente a la conocida tribu de los masai, tenía 12 años cuando su familia le dijo que la casarían con un hombre de 40. Se escapó de casa.

Cuando cumplió 18 años acudió a una de las reuniones que organiza TSF y, ante la perplejidad de más de 50 hombres de su tribu, ardió en críticas contra la ablación genital femenina y el matrimonio infantil.

En ese preciso momento TSF supo que la joven merecía una oportunidad y se la dio. El próximo diciembre Lilian se licenciará en Magisterio.

“Mi educación es un compromiso con mi comunidad, una herramienta para transformar vidas y pasar de la pobreza a una vida digna, y de la ignorancia al conocimiento”, explica Lilian a Efe.

De esta manera, la ONG española defiende un nuevo modelo de cooperación basado en la “justicia”, con el que se acabó la caridad y las campañas para crear conciencia en las que solo aparecen niños famélicos.

“No queremos sacar rédito de la pobreza”, explica a Efe el fundador de The South Face, Borja Juez, que insiste en que la cooperación tiene que ser una inversión en la que “África eduque a África”, para que, en un futuro, Occidente pueda aprender de los africanos.

“Al principio la gente entraba en nuestra web y veía a chicas bien vestidas y pensaba: ‘¿Para qué necesitan ayuda?’”, cuenta Juez, pero “nosotros no somos una ONG, somos lo que el Gobierno no hace”.

La entidad se sustenta gracias a la financiación que recibe desde España a través de iniciativas poco convencionales. Por ejemplo, los catalanes ya pueden aportar su granito de arena tomando un cóctel con el nombre de The South Face o comprando una barra de pan bajo la misma marca.

En países como Kenia, el acceso a estudios superiores resulta complicado para las familias humildes, que no pueden hacer frente al coste de la matrícula.

Por eso, sus becas están dirigidas a chicas que viven en zonas rurales y que están comprometidas con su comunidad para alimentar la falta de oportunidades del sistema.

La entidad apuesta así por el liderazgo femenino en tierras tribales, porque “las chicas son el motor de África, el papel de la mujer es infinitamente más importante que el del hombre”, destaca Juez.

Otra de las jóvenes becadas es Agnes Wangui, que antes tenía que trabajar para poder pagarse sus estudios y apenas acudía a clase.

“Desde que encontré a TSF mis notas mejoraron notablemente, ahora no tengo que preocuparme por pagar la matrícula, sino solo por estudiar”, explica.

Otro de los objetivos de la ONG es evitar una fuga de cerebros. Por eso lucha para que el conocimiento de estas chicas se quede en el país y ayude al progreso de sus comunidades.

Su próximo reto es ampliar su proyecto a la vecina Somalia para empoderar a las mujeres somalíes a través de la educación.

Ahora, todas estas chicas ya piensan en organizar charlas en sus comunidades sobre los principales obstáculos que les impiden progresar, como la ablación y el matrimonio infantil, para que las niñas sean capaces de mirar más allá de la tradición de sus tribus.

Tras un largo camino, hoy mismo cinco de ellas se graduan y se convierten en ingenieras dispuestas a trabajar en su país y devolver la oportunidad que TSF les brindó en forma de más educación para sus comunidades.

Texto: Alba Villén   Fuente: lavanguardia.com